Hace apenas unas semanas aconsejaba a alguien que se alejase de cierta situación para poder observar las circnstancias con la mayor objetividad posible.
Milagrosamente, a día de hoy yo estoy siguiendo mi propio consejo y eso me ha llevado a darme cuenta de ciertas cosas. A veces, aunque veas a una persona y conozcas sus fallos y virtudes, la cercanía te impide ver los detalles o la magnitud de las acciones. Luego, un día cualquiera te alejas, cambias el ángulo de visión y lo que antes no te importaba e incluso parecía divertido comienza a resultar frustante.
Llega un momento en la vida de toda persona (incluso en las que tienen síndrome de Peter Pan como es mi caso) en que tienes que hacerle frente al toro y agarrarlo por los cuernos. Para unos es más sencillo que para otros; antes, era fácil para mí pero tras pasar un tiempo perdida y sin saber qué demonios hacer con mi vida, volver a retomar las riendas es como mínimo, difícil. Es por eso que fastidia tantísimo que precisamente la persona que tanto me ha echado en cara lo inmadura que supuestamente soy, que no encaro los problemas y tantas cosas más, ahora esconda la cabeza cual emplumada avestruz. Lo más curioso es que no es la primera vez que lo hace pero sí con tanto descaro. Lo que me lleva a preguntarme si en verdad he sido o soy todas esas cosas de las que se me acusa y si no merezco mucho más que eso. Al menos, como mínimo, alguien que de la cara por mí cuando lo necesite... que me la de a mí.
De todo esto solo he sacado una conclusión. Si no veo, no hablo y no escucho... es como si nunca hubiese pasado.
Milagrosamente, a día de hoy yo estoy siguiendo mi propio consejo y eso me ha llevado a darme cuenta de ciertas cosas. A veces, aunque veas a una persona y conozcas sus fallos y virtudes, la cercanía te impide ver los detalles o la magnitud de las acciones. Luego, un día cualquiera te alejas, cambias el ángulo de visión y lo que antes no te importaba e incluso parecía divertido comienza a resultar frustante.
Llega un momento en la vida de toda persona (incluso en las que tienen síndrome de Peter Pan como es mi caso) en que tienes que hacerle frente al toro y agarrarlo por los cuernos. Para unos es más sencillo que para otros; antes, era fácil para mí pero tras pasar un tiempo perdida y sin saber qué demonios hacer con mi vida, volver a retomar las riendas es como mínimo, difícil. Es por eso que fastidia tantísimo que precisamente la persona que tanto me ha echado en cara lo inmadura que supuestamente soy, que no encaro los problemas y tantas cosas más, ahora esconda la cabeza cual emplumada avestruz. Lo más curioso es que no es la primera vez que lo hace pero sí con tanto descaro. Lo que me lleva a preguntarme si en verdad he sido o soy todas esas cosas de las que se me acusa y si no merezco mucho más que eso. Al menos, como mínimo, alguien que de la cara por mí cuando lo necesite... que me la de a mí.
De todo esto solo he sacado una conclusión. Si no veo, no hablo y no escucho... es como si nunca hubiese pasado.



2 comentarios:
para aprender hay que tropezar y caer, levantarse y volver a tropezar. No dudes que esto es un tropiezo en tu vida, pero vas salir adelante, y prometo entrar a decirte cositas yo tambien
tkm
Pues menudo hoyo en el que he ido a caer XDDDD Ya veremos lo que tardo en levantarme, ojalá y no sea mucho.
Publicar un comentario